La investigación muestra que el avance de la inteligencia artificial generativa (GenAI) implica un elevado costo ambiental, especialmente debido a la producción de hardware: las unidades de procesamiento gráfico (GPU) y los centros de datos, que demandan grandes cantidades de recursos. Además, la extracción de metales raros, como el cobalto y el tantalio, empleados en estos sistemas, contribuye a la deforestación, la contaminación del agua y la degradación del suelo.
Se estima que, en Estados Unidos, los centros de datos, cruciales para el funcionamiento de estas tecnologías, consumirán más del 8% de la electricidad para 2030, en comparación con el 3% que utilizan actualmente, lo que aumentará la presión sobre las redes eléctricas del país.
En el ámbito social, el estudio identifica varias inequidades en la producción y uso de la IA generativa. En primer lugar, hay preocupaciones sobre la explotación infantil en la minería de cobalto, crucial para la fabricación de componentes electrónicos, y las condiciones precarias de los trabajadores que entrenan los sistemas de IA.
La investigación también destaca cómo el acceso desigual a esta tecnología puede agravar la brecha digital global, beneficiando a las naciones industrializadas y a los hablantes de inglés, en detrimento de las comunidades marginadas.

