Casi cada semana, una nueva investigación alerta sobre la presencia de microplásticos en diferentes partes de nuestro cuerpo. Desde que el biólogo marino Richard Thompson acuñó el término hace 20 años, hemos descubierto que estos microplásticos están en todas partes: en el agua que bebemos, en la comida que ingerimos e incluso en el aire que respiramos.

Inicialmente, se creía que los microplásticos eran eliminados a través de las heces o la orina sin causar problemas graves. Sin embargo, un estudio pionero de 2018 los detectó en el intestino, y en 2022, se encontraron en la sangre humana. Según un artículo publicado en Environment International, 17 de los 22 donantes de sangre analizados tenían restos de PET y poliestireno en su torrente sanguíneo.

Ethel Eljarrat, del CSIC, explica que no todos los microplásticos son iguales; su toxicidad depende de factores como el tamaño, la forma y los aditivos químicos. Los tipos más comunes en nuestro organismo son PET, poliestireno, polietileno y polimetilmetacrilato.

La preocupación por los microplásticos ha ido en aumento, ya que se han encontrado en diversos órganos, incluyendo el cerebro, el hígado, los riñones, el útero, la placenta, los testículos y los pulmones. La presencia de estos compuestos en el cerebro, en particular, ha generado gran preocupación, ya que se ha demostrado que pueden acumularse en este órgano vital en cantidades mayores que en otros tejidos.

Investigadores chinos han sugerido que los microplásticos en el torrente sanguíneo pueden desencadenar la formación de trombos en el cerebro y causar disfunción neurológica a través de la activación de las células inmunitarias. Además, se han encontrado microplásticos en los pulmones de pacientes quirúrgicos, lo que sugiere que pueden ser inhalados y no solo ingeridos.

La investigación en microplásticos se ha acelerado, pasando de ser una preocupación ecologista a una cuestión de salud pública. Los científicos han encontrado microplásticos en la sangre, los pulmones, el hígado, los riñones, la placenta, la leche materna, la orina y los testículos. Sin embargo, aún no se comprende del todo qué efectos acumulativos a largo plazo pueden tener estos residuos en nuestro organismo.

Ethel Eljarrat destaca que muchos de estos plásticos contienen aditivos químicos que actúan como disruptores endocrinos, interfiriendo con el equilibrio hormonal y potencialmente causando efectos adversos en la salud. Roberto Rosal, del CSIC, señala que aunque la contaminación por residuos plásticos ha aumentado, aún no está claro si estamos acumulando plástico en nuestros cuerpos de manera significativa.

Resumen de Hallazgos Clave:

🌊 Agua y alimentos: Microplásticos presentes en el agua que bebemos y la comida que ingerimos.
🫁 Aire: Microplásticos detectados en el aire que respiramos.
🩸 Sangre: Microplásticos encontrados en la sangre humana.
🧠 Cerebro: Microplásticos acumulados en el cerebro, potencialmente causando disfunción neurológica.
🫁 Pulmones: Microplásticos hallados en los pulmones de pacientes quirúrgicos.
🏥 Salud pública: La investigación en microplásticos se ha convertido en una cuestión de salud pública.
🔬 Investigación: Microplásticos encontrados en diversos órganos, incluyendo el hígado, riñones, útero, placenta, leche materna, orina y testículos.
🧪 Toxicidad: La toxicidad de los microplásticos depende de su tamaño, forma y aditivos químicos.

En resumen, la presencia de microplásticos en nuestro organismo es una realidad que preocupa a la comunidad científica. Aunque se han hecho avances significativos en la identificación y comprensión de estos compuestos, aún queda mucho por descubrir sobre sus efectos a largo plazo y cómo podemos mitigar su impacto en nuestra salud.

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